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La creación de este blog se debe a mi interés por recuperar las raíces de mi pueblo: su historia natural y popular.

martes, 19 de septiembre de 2017

El Cid Campeador, Don Rodrigo Díaz de Vivar. Un mito medieval a su paso por Villa de Ves.


Estatua del Cid en su Vivar natal.

Estimados lectores, en este artículo os propongo un viaje atrás en el tiempo, para conocer un episodio que engrandece nuestro pueblo, el mito y la historia se dieron la mano en estas tierras de Ves.
Pocas figuras históricas han calado tan hondo en la leyenda e imaginario popular de nuestro país como la del caballero Don Rodrigo Díaz de Vivar: El Cid Campeador.


Un personaje de la España medieval conocido a nivel mundial gracias al Cantar de Mio Cid, así como por las diversas versiones modernas que se llevaron al cine.
Si al lector habitual de este blog, y a quienes conozcan Villa de Ves en general, se les preguntase por lo más conocido de este pueblo, contestarían sin dudar los monumentos remarcables que podemos admirar en la actualidad: El Santuario del Cristo de la Vida, el embalse del Molinar, los restos del Castillo árabe, el edificio del Ayuntamiento, la belleza de la Villa cobijada al abrigo del Jucar y la antigua Central hidroeléctrica de 1909 que se halla en el término municipal y que fuera la primera que construyó Hidroeléctrica Española. 


Cara norte del castillo de Villa de Ves en 2017.


Sin embargo, como villadevesero que soy, orgulloso de haber nacido aquí - como todos mis antepasados – hoy quiero ampliar la lista de cosas que hacen famoso a Villa de Ves. Tras leer diversos libros y textos antiguos buscando información sobre la historia medieval de Villa de Ves, me he dado cuenta de que hay mucha historia por descubrir y quiero contagiaros mi ánimo por divulgar este legado cultural que durante generaciones se ha sumergido en el olvido. Es necesario investigar más y comprometernos, junto con el ayuntamiento, para popularizar esa parte de la historia y transmitirla a nuestros hijos y nietos para que no vuelva a olvidarse. Es imprescindible para la supervivencia de un pueblo saber de dónde venimos para saber dónde queremos llegar sin perdernos en el camino.

Cara sur del castillo de Villa de Ves, 2017.

Esta novedad que os quiero descubrir necesita situarse en un contexto histórico:

Villa de Ves es de origen árabe, aunque por diversos vestigios íberos en sus proximidades podemos incluirla en los territorios de alguna tribu prerrománica, probablemente Bastetanos, Edetanos o Contestanos. No obstante, su grandeza viene de la mencionada dominación árabe. Se sabe con certeza que perteneció al reino taifa de Murcia, cuya figura más conocida fue el rey Ibn Mardanis, quien llegó a porclamarse emir de Mursiyya, Balansiyya y al-Mariyya.

Taifa de Murcia bajo dominio de Ibn Mardanis, sXII (fuente:http://es.murcia-medieval.wikia.com/wiki/Archivo:Reino_taifa_del_rey_Lobo.jpg)

Estas tierras estuvieron en manos musulmanas hasta 1213, momento en el que el rey Alfonso VIII las reconquistó, pasando a pertenecer a la corona de Castilla. También hubo un tiempo en que pertenecimos a la corona de Aragón.
En 1259, Jaime I de Aragón encomendó a Arnaldo de de Montgó la custodia de los castillos del sur del rio Júcar, entre ellos el de Ves. Villa de Ves fue declarada Villa por un privilegio concedido por Alfonso X en 1272; dicho privilegio fue ratificado por Alfonso XI en 1310 y en 1420 por Juan II, y posteriormente en 1490 por los Reyes Católicos.
A principios del siglo XIV se le concedió el privilegio de Villazgo por sus servicios a los distintos monarcas. En este siglo se vio envuelta en la guerra entre Castilla y Aragón. En 1444 la situación de Castilla provocó que Villa de Ves pasase a propiedad de Don Alfonso Pérez de Vivero. A mediados del siglo XV Don Juan Pacheco se hizo con parte del marquesado de Villena y en 1451 Don Juan II traspasó al Marqués de Villena las tierras de Ves. En 1480, la guerra del marquesado contra los Reyes católicos concluyó con la capitulación de Belmonte, con ello las tierras de Ves pasaron a la corona de Castilla como Villa de Realengo, quedando en posesión de Don Diego López Pacheco.
Al principio del siglo XIX, Ves se vio envuelta en la guerra de la independencia y las guerras carlistas. En 1868 se formó en Villa de Ves la primera junta revolucionaria al ser destronada Isabel II. La partida del carlista Roche también pasó por Villa de Ves, causando destrozos. En 1888 se reunió un grupo de vecinos y formaron un comité del Partido Republicano de Villa de Ves. 

Con este resumen histórico he querido poner en valor la importancia que tuvo nuestro pueblo en tiempos pasados.

Y tras despertar vuestra curiosidad. Recordando esa etapa de crudas luchas entre reyes musulmanes y cristianos, quiero desvelar una primicia: El mito medieval, el héroe, Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador o, al menos, parte de su ejército pasó por tierras de Villa de Ves.

Estatua del Cid en Mecerreyes, Burgos.

Con el permiso del lector, intentaré demostrar mi afirmación.

Tras consultar con dos historiadores y con la biografía del Cid como fuente de inspiración; tengamos en cuenta que el antiguo territorio de Ves comprendía una vasta extensión de norte a sur desde el rio Cabriel hasta las proximidades de las Casas de Juan Gil más al sur del rio Júcar. Y de Este a Oeste desde Cofrentes hasta Alcalá del Júcar.



Antiguo término de Villa de Ves, antes de la segregación de Casas de Ves y Balsa de Ves.

La historia medieval de Jorquera refuerza parte de esta idea, pues aunque hay  escasa información de la presencia cristiana durante la reconquista, la Primera Crónica General de España narra la batalla que el Cid tuvo contra Yusuf (Yusuf Abu Abd Allah Muhammad) en tierras valencianas y como lo persiguió hasta el castillo musulman de Jorquera donde se refugió.

…” el yendo en alcance, alanco al rey Lunes, et feriol tres ueces; mas el moro estaua muy armado et el caballo del Cid salió mas adelante; et cuando el tomo, el caballero yua luenne, et nol pudo alcanzar; et metiosse en un castiello que auie nombre Xurquera; et fasta allí duro el alcance…”

Yusuf Abu Abd Allah Muhammad conquista Aledo ( Murcia) Fuente:www.regmurcia.com

El rey Lunes es mencionado en otros textos históricos como Lunef, Iusef, Yusuf, Yusuff. Y Xurquera es, evidentemente, la actual Jorquera.

De modo que, con estos antecedentes, expongo mis motivos para afirmar que el Cid o su ejército pasaron  por Villa de Ves y llegó hasta su castillo en la persecución de aquel rey musulmán.


Castillo de Ves:

Una de las fortalezas más importantes de la hoz del Júcar fue Villa de Ves. En aquellos tiempos se destacaba como un recinto amurallado de seis mil metros cuadrados, coronando una elevación con un único acceso con una puerta fortificada que la hacía casi inexpugnable. Como en otros castillos similares, la puerta se cerraba de noche o si detectaban alguna amenaza, tarea  fácil gracias a la situación estratégica dominando desde la altura tanto el rio Júcar como los caminos que lo vadeaban.  En caso de asedio, poseía un aljibe que suministraba agua a la población largo tiempo. Es muy probable, además, que tuviesen accesos secretos por la parte trasera que les permitiría reponer agua del cercano rio.
Castillo de Villa de Ves visto desde el lado sur del rio Júcar. En primer término se aprecia el Santuario del Cristo de la vida.

También destacaba como enclave estratégico por ser el castillo que controlaba el antiguo puente
 ( actualmente sumergido bajo las aguas del embalse) que vadeaba el rio Júcar. Éste era el único punto que permitía cruzar el rio en muchos kilómetros. Quien controlaba este puente, controlaba el paso a la retaguardia de los reinos musulmanes, por ejemplo la taifa de Murcia y el camino hacia Córdoba y Granada. 


Santuario de Villa de Ves sobre el antiguo enclave de parte del castillo que dominaba  el paso del Júcar.

Elaboración propia sobre mapa de D. Juan Carlos Pérez Contreras, cura de Villa de Ves en 1786.  Imagen tomada de la revista informativa local de Casas de Ves: ¡Esto es Casas de Ves! Nº 81.





Quiero hacer hincapié en la época que nos concierne, finales del siglo XI. Por entonces, el castillo de Ves era un punto avanzado, la vanguardia de la frontera musulmana con los reinos de Castilla y Aragón. Punto necesario de apoyo logístico en las incursiones del ejército en tierra enemiga. Un emplazamiento donde reponerse o refugiarse de una contraofensiva. No era tan importante como el castillo de Jorquera, pero al estar más aislado y semioculto en el cañón del Júcar, permitía ocultarse a los ojos del enemigo y esperarlo sin darle opción al factor sorpresa.

Batalla de Quarte. Valencia 21 de octubre de 1094

Un gran ejército almorávide asediaba la ciudad de Valencia desde hacía un mes. La ciudad era gobernada por el Cid quien dirigía el ejército y organizaba la defensa. El Cid era un gran estratega, conocedor de las artimañas y las técnicas militares que le dieron tantas victorias.
En esta ocasión, aprovechó la madrugada, anticipándose a un ataque de los almorávides , y lanzó un ataque sorpresa contra las tropas musulmanas acantonadas a las afueras de Valencia, en lo que actualmente correspondería con Mislata y Quart de Poblet.
El ataque, proveniente del sureste – la actual Xirivella – rompió las defensas sarracenas y provocó su desorganización y estampida , pues creyeron los almorávides que les estaba atacando el ejército del rey Alfonso VI de Castilla que vendría en ayuda del Cid Campeador.
En esta batalla, el Cid consiguió herir al rey musulmán, quien huyó despavorido en busca de refugio en territorio amigo. En ocasiones anteriores ya había sido perseguido por el Cid, pero era muy escurridizo y conocía bien el territorio. Sin embargo, el Cid no estaba dispuesto a dejarlo escapar esta vez, y ansiaba acabar con este molesto enemigo.

Huida del rey Lunes a Jorquera:

Con la perspectiva que nos dan los mapas actuales, pero teniendo en cuenta los caminos que se utilizaban en la época del Cid – apenas evolucionados de las vías romanas y visigodas – las posibilidades de huida hacia territorio amigo donde refugiarse se reducen considerablemente; además sabemos por las crónicas que el destino final fue Jorquera y para ello, viniendo de Valencia, es necesario atravesar el rio Júcar.
Así, una vía de escape sería: Quart, Chiva, Buñol, Alborache, Yatova, el camino hacia Cofrentes o alguna variante próxima y obligatoriamente vadear el rio, siguiendo el ascenso desde Cofrentes a la llanura por la actual Balsa de Ves, es decir, antiguo territorio de Ves.

Posibles itinerarios de la huida de Yusuf hacia Jorquera.

Siendo el rey Yusuf (o Lunes) un escurridizo contrincante, conocedor del terreno y de los castillos del Júcar; pero teniendo en frente al mejor estratega cristiano de su tiempo, el Cid, cabe suponer que cada uno jugaría su mejor carta para tener éxito. Me atrevo a suponer que el Cid, una vez arribado a la llanura de Ves, sospechando alguna treta de Yusuf, pudo mandar parte de su tropa a controlar el castillo de Ves, menos importante que Jorquera pero factible como vía de escape porque poseía sendas por la ribera del rio que comunicaban con Alcalá y Jorquera. El grueso de la tropa cristiana se dirigiría sin más rodeo hacia Jorquera donde finalmente lo encontraron aunque consiguió escapar. 



Por todo lo explicado anteriormente, es muy probable que las tropas de D. Rodrigo Diaz de Vivar pasasen por Villa de Ves. 

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Restos del lienzo de la muralla del Castillo de Villa de Ves en el lado sur, a un nivel inferior del actual Santuario.


Con este artículo he pretendido rescatar del olvido la importancia que tuvo la tierra de Ves en las luchas por la Reconquista; reclamar nuestro pequeño hueco en la Historia medieval de España. Espero, sobretodo, haber iniciado una curiosidad en el lector que le mueva a buscar en otros textos históricos para saber más sobre aquel Ves medieval, sobre aquel castillo, antaño noble y orgulloso.
Por otra parte, me dirijo a mi Ayuntamiento, a nuestros actuales dirigentes  que, en líneas generales, están haciendo una labor digna de elogio. Les alabo y animo en su esfuerzo por evitar el despoblamiento que parecía inevitable. Se está consiguiendo a través del empleo de los ciudadanos del municipio, de políticas de inclusión, con más gasto público en activos para “el pueblo”, embellecimiento de las calles, cuidados del mobiliario, árboles y calles. Aumento de la oferta de servicios como biblioteca, actos culturales y fomento del turismo responsable con proyectos de futuro que pondrán en valor el casco antiguo de la Villa, el castillo o la central hidroélectrica.
Esta labor, que da continuidad a un orgulloso pueblo, que resiste desde el Medievo y mira a un futuro prometedor, se debe – insisto – a nuestro alcalde D. Juan García Moyano y su teniente de alcalde Dª Lourdes López García, así como al resto del consistorio. Desde estas humildes líneas me hago eco del reconocimiento que le da su partido por los recientes éxitos. Ha conseguido que el pueblo con menos habitantes de Albacete esté en boca de todos los manchegos, cosechando buenas críticas.

Un saludo a los lectores, espero que comprendáis mi animosa interpretación de la historia y perdonéis ciertas licencias que se explican por mi amor a Villa de Ves.


Vicente Jiménez García.

Con la colaboración de Vicente Jiménez Cruz y Carlos Rubio Garro.

Villa de Ves al cobijo de su castillo. Actualmente solo se pueden ver restos de muralla y un aljibe en la elevación rocosa del centro de la foto.

martes, 17 de noviembre de 2015

REMEDIOS ARGENTE JIMÉNEZ. El último habitante de Villa de Ves(Barrio del Santuario)

Doña Remedios Argente Jiménez 1902-1998† 

Estimados lectores, en esta entrada del blog os voy a relatar la historia de Doña Remedios Argente Jiménez, un extracto de todos los datos que hemos podido recopilar sobre Remedios, una paisana que tiene una historia singular y que no puede quedar en el olvido.
Para la comprensión de este artículo y evitar confusiones en el lector, debo advertir que desde el año 1962 está reconocida como cabeza de municipio la anteriormente conocida como aldea del Villar de Ves, denominándose actualmente Villa de Ves; por otra parte, la vieja población pasó a llamarse Barrio del Santuario. Para no ser redundante a lo largo de este artículo, cada vez que nombre Villa de Ves me estaré refiriendo Villa de Ves (antiguo) ya que fue allí donde vivió la protagonista de esta historia.

Antigua Villa de Ves cuando vivía Remedios.
Introducción:
Villa de Ves, hasta los años 1950, era un pueblo donde se vivía muy bien. Había prácticamente de todo: Ayuntamiento, dos casinos, un estanco, dos tiendas de comestibles, cartero, cine, una sala de baile, dos molinos de aceite, un molino de trigo, etc. Aquí acudía mucha gente de los alrededores para suministrarse de las tiendas, comprar productos de las numerosas huertas, y también para divertirse en sus tiempos de ocio. Aquel pueblo rebosaba de vida. Sin embargo, cuando en 1951 se terminó el embalse del Molinar, Villa de Ves se quedó sin ribera y desaparecieron las huertas. Los jóvenes empezaron a emigrar y a éstos les siguieron sus padres cuando los medios de ganarse la vida iban desapareciendo, y con ello toda la estructura social del pueblo. Villa de Ves sufrió un despoblamiento gradual y el abandono de las casas y los campos. Salvo una excepción. Una persona resistió de forma numantina, siendo la única habitante del pueblo durante décadas, esa mujer es la protagonista de este artículo.
Villa de Ves despoblado y abandonado. En el centro: casa de Remedios.
Historia de Remedios:
Doña Remedios Argente Jiménez nació en Villa de ves el 20 de noviembre de 1902 y falleció el día 19 de octubre de 1998 con 95 años de edad, a punto de cumplir 96. Sus padres fueron D. Enrique Argente García y Dª Isabel Jiménez Miravalles, quienes tuvieron cuatro hijos, en este orden: Francisca, Remedios, Isabel y Pepe. Francisca vivió en Casas Ibáñez, Remedios es la protagonista de esta historia, Isabel es la madre de Matías, Enriqueta, Conchita y Maribel, y Pepe es conocido en el pueblo como “Pepe el de Enrique” – el de las herradas de abajo -.


Partida de nacimiento de Remedios.

Remedios nació y vivió siempre en su pueblo en la casa que heredó de sus padres, en la calle Bodegas sin número de Villa de Ves.

Casa y patio de Remedios. Remedios con su madre: Isabel.

Remedios era delgada y de pequeña estatura, pero su naturaleza era de una gran vitalidad y fortaleza, sin duda, necesaria para poder vivir tantos años en soledad, sin ayuda de nadie en las labores diarias y sin compañía en la oscuridad de la noche. Era una persona humilde, sencilla, cercana a la gente, afable, laboriosa, hacendosa, limpia, amante de las plantas y los animales, de su pueblo y de la naturaleza.
Remedios nunca fue a la escuela – aunque aprendió a leer y escribir por sí misma – porque desde pequeña ayudaba a su padre a cultivar las tierras en las Herradas de abajo y en las huertas que tenían en la ribera del rio Júcar en Villa de Ves. La mayoría de éstas se situaban en la zona que actualmente se conoce con el nombre de “Las pozas” cerca de la noguera gigante que era de D. Emilio, “Emiliaco”. En estas huertas, además de hortalizas, cultivaban higueras, melocotoneros, albaricoqueros, ciruelos, etc. Pero también se dedicaban al cultivo de cereales, viñas, azafrán y olivos. Ella disfrutaba trabajando en la huerta, podaba e injertaba los frutales con maestría, usando técnicas aprendidas de su padre, quien, incluso cuando envejeció y perdió algo de movilidad seguía yendo al campo gracias a una burra blanca que era muy mansa; contaban que esta burra permanecía quieta, sin moverse ni un milímetro cuando D. Enrique hacía el esfuerzo de subir a su lomo utilizando a modo de escalera una gran piedra que había en las huertas.

Foto de Remedios en la calle Valencia de Villa de Ves.

Cuando falleció su padre, Remedios siguió utilizando esa burra para ir a trabajar al campo o para desplazarse a los pueblos más próximos para vender las hortalizas excedentes; por ejemplo, ella solía contar la anécdota de una vez que fue a la aldea de La Pared con los serones de la burra llenos de ajos y no consiguió vender ninguno.
Como ya hemos dicho, Remedios era una mujer laboriosa y una tarea a la que se dedicaba con maestría era a tejer con ganchillo. Sabemos que tejió varios paños de punto para la Iglesia. También solía tener un detalle con la gente del pueblo, veraneantes o visitantes asiduos, a quienes regalaba prendas tejidas por ella cuando nacía un hijo o un nieto; por ejemplo, trajecitos para recién nacidos, pantalones, suéteres.

Remedios en el patio de su casa mostrando su amor por la familia. De izq. a dcha: Carlos, Remedios y Javi, hijos de Maribel.

Otra de sus pasiones eran las plantas. Como se suele decir, tenía mano para las plantas, si cogía un trozo de rama, la plantaba y con seguridad esa planta crecía. La prueba de este don es todavía visible en su casa, su patio tiene dos jardineras a ambos lados y siguen llenas de plantas, una higuera, una palmera y algún arbusto. Pero, no contenta con este jardín, aún repartió 60 macetas más por el patio, utilizando cualquier recipiente para ello. Y no es despreciable la faena que suponía cuidar este vergel, puesto que Remedios tenía que transportar el agua a lo largo de quinientos metros desde la “fuente del chorro” con cántaros y cubos hasta su casa.
Con las hojas de la palmera fabricaba ella misma las escobas para barrer la casa y, aún con una avanzada edad, tenía fuerza para enjalbegar la casa con cal, incluso cuatro veces al año en el caso del humero o fraile de la cocina de leña.

Puerta de la casa de Remedios con la nieta de Francisca: Francisca, Isabel y Remedios.

Acostumbrada a la supervivencia en soledad, Remedios prefería cocinar con leña antes que usar gas butano. Recogía ella misma la leña de los alrededores del pueblo o de restos de la poda de sus oliveras.
Estas oliveras también la mantenían ocupada. Aparte de cavar la tierra con azada igual que lo haría un hombre, ella se encargaba de recoger las olivas, aunque siempre se ofrecía algún sobrino o vecino durante las visitas esporádicas al pueblo o en fin de semana, cuando transportaban lo recolectado a la almazara más cercana para convertirlo en aceite. Siempre reservaba una cantidad para aliñarlas y tener reservas en las orzas de su despensa. Hay testigos que aseguran que con 80 años cumplidos aún se desplazaba hasta las “herradas de abajo” a coger dos cestos de olivas, a doce kilómetros del pueblo, salvando un gran desnivel y por malos caminos. No le importaban las horas de trabajo.
Otra muestra de la autosuficiencia y valentía de Remedios es que todos los años se subía al tejado de su casa para retejar las tejas rotas.
En cuanto a la cocina, sus especialidades eran el gazpacho manchego, las gachas de matanza y la tortilla.



Izquierda: Remedios en su cocinilla haciendo una tortilla. Se puede observar la tortilla en pleno vuelo.
Derecha: Remedios haciendo gazpacho manchego.


En la cocinilla tenía un horno de leña donde, algunas veces, hacía pan para una semana o deliciosas magdalenas.

Remedios depositando un cántaro de agua en la cantarera.

La vida en el campo la convirtió en una gran conocedora de las plantas medicinales de los alrededores, era capaz de distinguir una inmensa variedad de plantas con propiedades curativas y aromáticas, y según la temporada las recolectaba y realizaba el proceso de secado para guardarlas en bolsas de tela en su casa. Así, podía utilizarlas según las dolencias que pudieran aparecer.
Era tan limpia que lavaba sus ropas y sábanas  asiduamente, aunque eso implicaba cargar con el peso de la ropa, el cubo y jabón a cuestas hasta el lavadero de la “fuente buena” o, a veces al lavadero de la Villa de Ves.
Pero a pesar de rebosar energía y de vivir en un ambiente idílico, la vida no se lo ponía fácil. Conforme pasaban los años iba perdiendo fuerzas y aparecían enfermedades. Con la vejez, las visitas al médico eran más frecuentes y eso suponía subir al pueblo de arriba; su avanzada edad no le impedía trepar por la senda que asciende por terreno abrupto más de media hora. Naturalmente, los médicos se solidarizaban con su caso y le ofrecían que se esperase a terminar las visitas para bajarla con su coche. Muchas veces, si le recetaban alguna medicina, ellos mismos se la bajaban al día siguiente. Sin embargo, otras veces no podían, y ella subía también a por las medicinas.

Remedios con Encarna, hija de Sara la de la Rambla.
También tenía que subir alguna vez a comprar el pan pero, siempre que podía, el mismo panadero se lo bajaba. Igualmente, los familiares o vecinos que visitan Villa de Ves los fines de semana también le bajaban pan o botellas de gas butano si le hacía falta, y había quien ni se la cobraba.
Sus animales:
Ella siempre estuvo rodeada de animales. Le hacían compañía y los quería mucho. Excepto en sus últimos años de vida en los que no podía hacerse de tantos. De media, tenía siempre veinte gatos, quince gallinas y un gallo, cerca de cinco perros y los que pudiesen llegar – si  alguien se lo daba en adopción - eran siempre bienvenidos.
Las gallinas estaban sueltas en el corral pero, cuando Remedios envejeció, el marido de una sobrina se encargó de construir un gallinero con tablas y tela metálica.

Remedios con uno de sus queridos perros.

A pesar de ser una persona tan ordenada y aseada, permitía a todos los animales entrar en su casa y convivían como miembros de una familia; luego limpiaba y ordenaba la casa.
Quería a sus animales como si fuesen personas y, de hecho, hablaba a las gallinas y los gatos como si fuesen humanos. Todos los perros y gatos tenían nombre, sin embargo, algunos fueron más importantes en su vida y Conchita y Maribel aún los recuerdan.  Dos perras se llamaban  Villa Cristina y Estrella, y dos perros tenían por nombre Buque y Lucero. El último perro que tuvo fue un pastor alemán muy bueno, y fue un regalo de unos señores de Cartagena que construyeron una casa en la Villa; cuando ella ya no pudo cuidarlo se lo regaló a los que trabajaban en el campamento de verano que había en el Molinar, administrado por los curas de la Iglesia de San José de Torrente.
Hasta tal punto quería a sus animales que una noche escuchó un fuerte alboroto en el gallinero y supuso que las gallinas estaban alteradas por algún animal merodeador, sin temor por su integridad, cogió las tenazas de hierro de la cocina y se adentró en el gallinero hasta toparse con una gineta que ceñía entre sus dientes  el cuello de una gallina. Le descargó unos cuantos golpes de tenaza, aunque la gineta no soltaba su presa – decidida a no perder su cena – pero al final el hierro pudo con la gineta. Una vez muerta, le quitó la piel y la rellenó con paja y le dio forma como si estuviese disecada para exponerla en casa.

Gineta: genetta genetta. ©Guérin Nicolas

Arte y poesía en la vida de Remedios:
Y es que la protagonista de este artículo también tenía una gracia innata – que podemos  tener todos por el hecho de ser humanos pero en ciertas personas se convierte en un don  – para recitar poesías y contar historias, quizá oídas en su infancia o quizá inventadas en sus horas de soledad, repitiéndolas y perfeccionándolas hasta transformarlas en una buena historia.
Es conocido que cuando estaba en compañía era simpática y cercana, lejos de la imagen que se podría tener de las personas que viven largo tiempo en soledad. Gustaba de contar estas historias y las enlazaba con otras, con la habilidad del buen narrador que cautiva a su audiencia, es decir, no se trataba de la abuela que aburre con sus historias, todo lo contrario, la gente no se aburría con ella.
También cantaba canciones de su época y recitaba diversas poesías y refranes.
Como recuerda Dª Luisa Garrido, una de aquellas poesías empezaba así: “Castillo de la Villa fortalecido, que con trabucos y espadas te han defendido…” Esperamos indagar un poco más entre los vecinos para poder recuperar el resto y completarla más adelante en este blog.

Foto izquierda:Remedios y Maximina en una celebración.
Foto derecha: -De derecha a izquierda- Isabel, Francisca, Remedios y Presentación, nieta de Francisca.

Sus amores:
Remedios vivió sola y soltera toda su vida pero sí tuvo pretendientes. El primero que tuvo, podríamos decir que fue su verdadero amor, fue un empleado de Hidroeléctrica Española que vivía en el antiguo poblado del Molinar. Este señor quería a Remedios y era un pretendiente acomodado económicamente, pero era viudo y a ojos de los padres de Remedios no estaba bien visto, de modo que le prohibieron relacionarse con él. Como hija obediente que era, acató las órdenes de sus padres aunque le pesase toda la vida.
Hubo más pretendientes a lo largo de su vida pero jamás olvidó al primero y los demás no llegaban a conquistar su amor. Sin embargo hubo uno muy especial cuyo caso merece ser contado. Un caso como el de Remedios, una persona que vive sola tantos años en un pueblo abandonado, se hizo muy famoso y llegó a salir en el semanario “El caso” con tirada nacional. A través de esta revista un lector de Madrid se puso en contacto con ella escribiéndole una carta muy bien escrita, en ella le explicaba que la consideraba una mujer con un criterio firme y cualidades excepcionales por lo que le ofrecía ir a vivir junto a ella en Villa de Ves el resto de su vida, compartiendo la vida para lo bueno y lo malo, respetándola al máximo; siempre que ella consintiera. Remedios se sintió muy alagada y agradecida por esta carta pero decidió seguir viviendo sola. Así que, mandó a sus sobrinas Conchita y Maribel redactar una carta en respuesta a la del señor en la que le agradecía su atención pero que rechazaba la oferta.

La economía de una superviviente:
Independiente hasta el final, Remedios vivió sin faltarle nada, humildemente pero sin necesidades superfluas. Sus necesidades eran las básicas y las cubría prácticamente con lo que daba la tierra. No obstante, recibía una paga de Caritas de cuatro mil pesetas y obtenía algún dinero extra vendiendo huevos a los visitantes de fin de semana. Siempre decía que tenía unos ahorrillos.

Relación con la Iglesia y los curas:
Remedios era católica practicante y estaba muy unida a la Iglesia, al santuario y al Cristo de la Vida, que es algo supremo que todos los villadeveseros llevamos en nuestro ser. Ella era la encargada de guardar la llave del santuario en su casa, así como de vender los recuerdos de todo tipo relacionados con la imagen del Cristo de la Vida, ofreciendo estos servicios de forma altruista a los visitantes, peregrinos y veraneantes que acuden para venerar o conocer este lugar. También se encargaba de limpiar la Iglesia y cada vez se subía con su cubo de agua. Debemos aclarar que desde su casa a la Iglesia hay casi un kilómetro con una pendiente pronunciada y que esto lo hacía con una edad avanzada.
Su relación con los curas de la zona fue muy buena, y merecen destacarse dos con los que tuvo gran amistad. Don Gregorio se preocupaba mucho por ella y fue él quien tramitó los papeles necesarios para operarla de cataratas. Don Ángel también estaba pendiente de Remedios, de sus necesidades, la visitaba con frecuencia y hasta que no la encontraba no se iba: y es que había veces que ella estaba cavando en el campo de olivos por los alrededores y él tenía que buscarla si quería hablar con ella, aunque no le costaba mucho pues siempre se sabía por dónde andaba porque sus perros estaban cerca.

Visitas de los obispos:
El caso de Remedios era tan divulgado y curioso que hasta los obispos de la diócesis de Albacete lo conocían y se interesaban por ella. Conocemos el caso de dos obispos que bajaron hasta Villa de Ves para visitarla: Don Victorio Oliver Domingo, conocido por ser un hombre de gran corazón, quien la visitó dos veces y que ella siempre recordaba aquella conversación:
-          ¿Cómo está usted, Remedios?
-          Estoy sola.
-          Tú, hija, no estás sola. Dios te acompaña.
-          Es verdad, porque yo no me siento sola.

El otro obispo que la visitó es Don Francisco Cases Andreu. De él, solo conocíamos su nombre pero investigando un poco sobre él contacté con la diócesis de Albacete, con el archivo histórico diocesano, donde quedan registradas las visitas y viajes de los obispos. Tras hablar un rato con un sacerdote que me atendió con gran amabilidad me derivaron a la diócesis de Canarias, lugar donde reside actualmente el obispo D. Francisco Cases.

Su Excelencia Monseñor Francisco Cases Andreu. Actual obispo de la Diócesis de Canarias. foto de la Diocesis de Canarias.

Esta vez me atendió telefónicamente la secretaria de monseñor Francisco, le expliqué quien era yo y mis motivos para buscar información, me pidió mi teléfono – con lo que pensé que me darían largas o tendría que insistir – y para mi sorpresa unas horas más tarde, el mismo día, recibí una llamada y – esta vez la sorpresa fue mayúscula – era Su Excelencia Reverendísima Monseñor Francisco Cases. Hablé con él durante veinte minutos sobre el tema de Remedios y otros recuerdos que tenía de Villa de Ves, fue una conversación fluida e ilustrativa; por ello le estoy muy agradecido. Por su llaneza conmigo me recordó al Papa Francisco.
Me decía, pues, que cuando él conoció el caso de Remedios se preocupó por ella, ya que, una anciana de noventa y dos años – que contaba en esa época – viviendo sola en un pueblo abandonado no era una cosa normal y en la primera visita que hizo a la zona bajó a visitar a esta singular mujer.  Cuenta que paró el coche en la puerta de su casa, llamó al timbre pero nadie contestaba, así que comenzó a llamarla: “¡Remedios, soy el obispo! ¡Que he venido a verla! “. Y así varias veces más, pero la puerta seguía sin abrirse. El obispo pensó que quizá lo que ocurría era que Remedios desconfiaba de que un obispo fuese hasta un pueblo tan alejado, de modo que, volvieron a meterse en el coche y avanzaron cincuenta metros alejándose de la casa; al momento se abrió la puerta de la casa de Remedios, y le dijo: “ Remedios, que soy el obispo”. Solo entonces, al verlo vestido con el hábito, se acercó y estuvieron charlando. Monseñor le ofreció su ayuda en caso de que tuviese alguna necesidad y ella le contestó que no le faltaba nada, que recibía muchas visitas, pero que a la vez estaba sola. Él la intentaba convencer de que estaría mejor con su familia, sus sobrinas o en alguna residencia donde recibiese los cuidados apropiados, pero ella no cedía, expresando su deseo de permanecer en su casa, pues estaba convencida de que no le iba a pasar nada malo pues tenía siempre presente la compañía del Cristo de la Vida de Villa de Ves. Monseñor Francisco me contaba que se fue más tranquilo cuando observó que del cuello de Remedios colgaba el aparato que permite contactar con Cruz Roja en caso de emergencia.  También recordaba que ella cavaba sus campos de olivos y recogía olivas y leña, y esto sí que le preocupaba más, pues pensaba: “Dios mío, a esta mujer, cualquier día le va a ocurrir algo en mitad del campo y  nadie podrá socorrerla”.
La segunda vez que la visitó le abrió la puerta enseguida, estuvieron hablando y le dio el mismo consejo que la vez anterior, a lo que ella le contestó diciendo que si tenía que morirse prefería hacerlo en su casa. Monseñor recuerda que observó con preocupación que el tumor que por entonces ya tenía Remedios en el cuello iba aumentando su tamaño; al poco tiempo se enteró de que la habían trasladado a una residencia y, poco más adelante, se enteró de su fallecimiento. Confiesa que tal noticia le afectó y que lo sintió muchísimo. Guarda un cariñosísimo recuerdo de Remedios Argente.
Nuestra conversación terminó diciéndome que tenía un nostálgico recuerdo de Albacete y especialmente de Villa de Ves con su Cristo de la Vida, aunque recuerda con pavor el peligroso ascenso en coche  por la rampa que lleva hasta el Santuario, y cómo se decía a sí mismo: “Si se estropea el coche mientras subimos, nos despeñamos e iremos a parar al fondo del Júcar”.
Desde este blog elevo mi agradecimiento a S.E.R .Monseñor Francisco Cases Andreu por haberme atendido tan amablemente y por dedicarme su valioso tiempo. Me transmitió sosiego y reconocí en él que tal como predica es un defensor de los derechos humanos, de la vida una vez fecundada y creada.


Inundaciones de 1982:

Este episodio trágicamente recordado por todos los habitantes de Villa de Ves y por los afectados por el desbordamiento del Júcar, sorprendió a Remedios sola, como era habitual, pero posiblemente fue la situación más peligrosa por la que pasó en toda su vida. Y no fue para menos, pues según datos oficiales cayeron hasta seiscientos litros por metro cuadrado. Ella siempre recordaba que padeció mucho miedo, y que no hacía más que rezar y rogar al Cristo de la Vida para que la protegiera de lo que parecía el fin del mundo con tal diluvio. Le venía a la memoria que aquel día un chico bajó – arriesgando su vida – para comprobar cómo estaba. Nunca olvidó ese gesto. Posteriormente hemos sabido que aquel chico fue Julio, hijo de Evencio García y María, que en aquellas fechas vivía en Villa de Ves.


La casa de Remedios:

Casa de Remedios en la actualidad.

Remedios vivió toda su vida en la casa heredada de sus padres, una casa de pueblo, de agricultores pero con detalles de una buena casa. Con algunos elementos decorativos, sobre todo plantas y flores, situada en el centro del pueblo.

Remedios en el patio de su casa rodeada de plantas.
Al cruzar la puerta de entrada, se abría un patio ajardinado y alargado con arriates a ambos lados del paso central, en el cual abundaban las macetas de flores; en el lateral derecho sobresalía una palmera, una higuera y un gallinero junto a la cuadra.

Higuera y Palmera en el patio de Remedios.

 Frente a este, en el lateral izquierdo una madreselva grande, una cocinilla con horno de leña cubierta por una terraza. En el centro una puerta de acceso a la nave del cuerpo principal de la casa donde encontramos un garay, una chimenea de leña con fraile o humero, y dos habitaciones. A lo largo del tiempo, Remedios hizo algunos cambios y puso más plantas y flores. Hizo un gallinero cerrado, en la cuadra hizo un cuarto de baño y en el garay, que era la parte más fresca de la casa, hizo una despensa donde guardaba los alimentos y las orzas de olivas que ella preparaba.

El jardín era un reflejo de la persona que lo cuidaba, transmitía orden y pulcritud. Y aunque ahora no es ni una sombra de lo que fue, viendo las fotos se puede deducir que con cada floración, se podía disfrutar del espectáculo de la naturaleza sin salir de esa casa.

Una maceta de Remedios  que resiste el paso del tiempo.
Haciendo fotos en el patio.

El día 23 de Agosto de 2015 hicimos una visita a la casa de Remedios para hacer fotos y documentarnos para realizar este artículo. Nos acompañó Alberto Arocas como técnico de obras para evaluar el riesgo que entrañaba adentrarse en lo que actualmente podríamos considerar una ruina. Cada pisada producía un crujido amenazador  que nos desalentó y nos impidió buscar entre los restos cosas interesantes como por ejemplo la gineta disecada o más fotos antiguas. Tristemente, sus sobrinas nos confirmaban que gente sin escrúpulos había allanado la casa y robado objetos que son recuerdos de la familia.

Muestras del estado actual de ruina de la casa de Remedios.Agosto 2015.


Placa de cerámica:

Placa de cerámica en la puerta de la casa de Remedios.

Esta placa de cerámica es un homenaje en reconocimiento a Dª Remedios Argente Jiménez, hecho por sus sobrinas Conchita y Maribel, que mandaron fabricar esta placa sufragando los gastos.  Luce en un lateral de la casa de Remedios. Debemos aclarar que su segundo apellido debería figurar escrito con la letra “j” en lugar de “g”, atendiendo a su partida de nacimiento.

Su enfermedad:
Cuando Remedios tenía edad avanzada comenzaron a aparecerle unas manchas en la piel, que gracias a sus sobrinas eran tratadas por los médicos en Casas Ibáñez. 

En el curso de su enfermedad siempre estuvo en su pensamiento el Santuario con su Cristo.

Pero con el tiempo además le apareció un tumor en el cuello, que malignizó y no paraba de crecer. Fue entonces cuando se hizo evidente que Remedios necesitaba otros cuidados y sus sobrinas la acomodaron en una residencia en Casas Ibáñez, donde recibía asistencia de enfermería y médico las veinticuatro horas del día.

Pero a pesar de todo el cuidado recibido, a los cuatro meses de ingresar en la residencia, el 19 de octubre de 1998 el tumor acabó con su vida. Remedios siempre aceptó y se adaptó a su enfermedad, y en este proceso siempre estuvo acompañada por sus sobrinos y sobrinas, que la visitaron, asistieron y alegraron los momentos de tristeza de esta abnegada paciente.

Testimonios de la vida de Remedios:
 A continuación os mostraré la opinión que han tenido otros testimonios que conocieron bien la historia de Remedios. Gente representativa e influyente en la vida de Villa de Ves. Eslabones vivos de la cadena que ha permitido que nuevas generaciones de habitantes repueblen Villa de Ves evitando su desaparición total: Dª Umbelina López Pérez y Dª Luisa Garrido Gómez.

Dª Umbelina López Pérez.

Dª Umbelina López Pérez es una mujer de 81 años, con una mente privilegiada y claridad de ideas. Vive en la calle más decorada y vistosa de Villa de Ves, pues es engalanada con plantas y flores por ella y su marido. Tras hablar con ella largo rato sobre la vida de Remedios, me ratificó parte de lo expuesto hasta ahora y me hizo unas aclaraciones sobre donde se situaban realmente las huertas de Remedios. Según Umbelina, la mayoría de la gente se equivoca al situar dichas huertas e incide en que estaban en el margen izquierdo del rio Júcar, desde “las pozas”  hacia arriba, y aporta detalles como que la actual copa del árbol que algunos toman como referencia es una morera y no la noguera de” Emiliaco”. Rio arriba desde esta morera vendría el badén que hicieron cuando se rompió el puente antiguo en una riada; a continuación, más arriba, donde se situaría el puente desaparecido; y más arriba aún la desaparecida noguera de “Emiliaco”, que fue talada cuando se construyó el embalse, y a partir de este punto comenzarían las huertas de Remedios. La noguera talada era impresionante en su esplendor, teniendo un tronco tan ancho que se necesitaban cinco personas para rodearlo con los brazos abiertos.

Dª Luisa Garrido Gómez
Dª Luisa Garrido Gómez, con una edad de 83 años, es una mujer muy diplomática y con mente despierta. Me contaba que Remedios era una experta en plantas medicinales y aromáticas de esta zona, y conocía el remedio para la mayoría de dolencias comunes. Conocía su afición por el aliño de las olivas al modo antiguo, las cortaba, las envolvía en ceniza para reproducir el efecto de la sosa cáustica, posteriormente las lavaba y las sumergía en agua, quedando excelentes. Terminó la conversación relatándome que hablaba mucho con Remedios y cuando estaba con ella desprendía un aura de paz y sosiego, era todo bondad; en sus últimos años de vida, Remedios le preguntaba como a su confidente más cercana, “Luisa, ¿Cómo llevo el tumor? ¿Me ha crecido?”. Y ella, consciente del avance le contestaba que no, que seguía igual, con la intención de no añadirle más inquietud a una enfermedad tan despiadada.


El funeral de Remedios:
Los ritos de enterramiento y sepultura fueron realizados por el cura párroco de Casas de Ves, D. Ángel, quien a la misma vez realizaba los servicios de Villa de Ves en la Iglesia del Cristo de la Vida. Fueron los tradicionales de la Iglesia católica, con misa de difuntos. A este entierro acudió mucha gente, de procedencias como Valencia, Cartagena, Murcia, Albacete y pueblos de alrededor. Por supuesto sus paisanos de Villa de Ves y sus familiares.

El nicho blanco del fondo es donde está enterrada Remedios, en un saliente del 
cementerio antiguo desde donde se divisa toda su querida tierra.

En el cementerio de Villa de Ves (Recordemos que me refiero al Barrio del Santuario) hacía muchos años que no se enterraba a nadie por su mal estado y acceso difícil. Sin embargo, en el caso de Remedios se hizo una concesión extraordinaria para ser enterrada allí porque fue su voluntad expresa  la de no abandonar su tierra nunca.

Parte de las vistas que pueden verse desde el nicho de Remedios.
 El nicho está situado en el cementerio, que prevalece sobre los restos del castillo árabe, y junto a la tumba de sus padres, orientado al saliente del cementerio, con una vista que domina desde la altura el paisaje que conforma la ladera del otro lado del rio, el Santuario y Villa de Ves trepando a sus pies, el rio Júcar centelleando como mil estrellas cuando sale el sol, el Molinar en oriente, y toda la tierra que trabajó con sus propias manos y que tanto quería. Estoy convencido de que su última morada le haría muy feliz.

Un caso excepcional. El duelo de los gatos de Remedios.
Estimados amigos, este caso merece un comentario aparte. Pues a día de hoy, cuando la gente oye por primera vez esta inquietante anécdota siente como se erizan los pelos de la piel, y surgen pensamientos sobre la vida y la muerte, y sentimos la incertidumbre del más allá. Máxime sabiendo que el relato es cierto y así lo atestiguan los abundantes asistentes al funeral.
Dado que el ataúd de Remedios, con su cuerpo, vino desde Casas Ibáñez con el coche fúnebre, pero se adelantó sobre la hora concertada, la subieron directamente a la explanada del Santuario. Los familiares que se reunían más abajo, en el pueblo, decidieron ascender el camino hacia el santuario formando una comitiva. Cuando este cortejo de sobrinos y familiares y amigos empezó a moverse, aproximadamente diez gatos (Conchita, sobrina de Remedios, se encargó de alimentarlos durante los cuatro meses que su tía estuvo en la residencia), los gatos que le quedaban a Remedios en esa época, siguieron a la comitiva de gente, maullando sin parar, Conchita y otras personas les reñían para poner un poco de orden y silencio en un momento tan solemne, pero los gatos no obedecían; dándolo por imposible, dejaron que les siguiese esta camada pues dedujeron que de algún modo estarían también de duelo por su ama, y podrían oler, sentir o percibir algo que los humanos no podemos. Al llegar a la Iglesia toda la comitiva y pasar dentro para celebrar la misa de difuntos, todos los gatos permanecieron fuera de la puerta pero seguían maullando como plañideras. Al terminar la misa y salir con el ataúd a hombros para trasladarlo al cementerio contiguo, los gatos siguieron al ataúd y cuando, tras realizar la sepultura, la gente se fue del cementerio, los gatos permanecieron maullando junto al nicho. De este hecho se dio cuenta toda la gente e intentaron reconducir a los gatos para sacarlos fuera del cementerio pero ellos permanecían allí. Las sobrinas, Conchita y Maribel, se fueron preocupadas por aquellos animales tan nobles y fieles pero continuaron su camino para seguir con la familia.
Gatos callejeros de Villa de Ves

Al día siguiente, Conchita, que se había hecho cargo tanto tiempo de aquellos animales, viendo que no habían vuelto a casa, dedujo que seguirían allí arriba, en el cementerio. Así que, junto con Maribel, llevó comida y agua al cementerio y fueron hacia el nicho de Remedios donde todavía estaban los gatos. Solo así, engañándolos con la comida pudieron conseguir que saliesen del recinto y cerraron la puerta del cementerio.
Como decía, es un hecho real y todavía se oye contar este suceso a mucha gente de la comarca.

Mi reflexión sobre Remedios Argente Jiménez:
Ejemplo de resistencia, una mujer que a pesar de su edad no abandonó su pueblo, su reducto. Ni las grandes obras hidráulicas, ni la ingeniería gigantesca de aquella época, ni la emigración que asoló las calles, ni la desmoralización de sus vecinos, ninguno de estos factores fue capaz de vencer la sólida voluntad de Remedios en la defensa de su tierra, su pueblo, su casa, los derechos ancestrales de un pueblo, un pueblo con raíces en la historia, otrora importante en España hasta su paulatina desaparición. Remedios no fue vencida y se convirtió en el nexo que enlaza distintas generaciones de vecinos, el pasado y el futuro del pueblo. Un referente para que los enamorados de este lugar vuelvan a habitar sus silenciosas calles, un estímulo para que se empadronen nuevos habitantes que luzcan con orgullo ser oriundos de Villa de Ves. Que engalanen sus casas y calles, para tener en ellas su residencia habitual o temporal. Qué voluntad tuvo Remedios para vivir en soledad… ¿Acaso no pueden nuevos pobladores vivir en compañía? Es posible que al pensar en Remedios como esa mujer que vivió sola, estemos equivocados y en realidad debamos pensar en ella como esa mujer que eligió vivir su vida libremente, desprendiéndose  de lo superfluo de la vida.
Quiero mostrar mi admiración por Remedios y desearle, allá donde esté, que descanse en paz y que interceda por su pueblo, Villa de Ves, para que no desaparezca nunca.

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Petición al Excmo. Ayuntamiento de Villa de Ves:

Por todo lo expuesto anteriormente, y ya que el anterior gobierno municipal de Villa de Ves no realizó ningún homenaje ni reconocimiento alguno a esta destacada hija de la Villa, desde la dirección de este blog solicitamos y pedimos a la nueva corporación municipal que en la medida de lo posible y en los plazos que sean posibles, concedan la rotulación de una calle o plaza a Dª Remedios Argente Jiménez. Sabemos que sois nuevos en el actual puesto de responsabilidad pero también sabemos que sois personas justas y  con voluntad de hacer.

Agradecimientos:

Nuestro agradecimiento a todos los sobrinos y sobrinas de Remedios por su colaboración y por la aportación de material para hacer posible este artículo, especialmente a Conchita, Maribel, Inma y Mónica.

A los lectores, tanto los habituales como los que llegan a este blog curioseando por la red, gracias por leernos y recomendarnos, gracias como siempre a los que nos felicitáis y animáis a continuar recuperando la memoria de nuestro pueblo. Entre todos haremos una Villa de Ves más unida, más bonita y más acogedora.

Hasta la próxima.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Diego Plazas Llamas y Fulgencia García Molina

 El matrimonio formado por Diego y Fulgencia ha sido una referencia moral para los vecinos de Villa de Ves

Breve biografía de Diego Plazas:

Nació el 10 de julio de 1920 en la localidad de Lorca, Murcia; fruto del matrimonio formado por José Plazas, natural de Murcia y María Josefa Llamas de Fernández, natural de Almería.
 En torno al año 1921 - con motivo de las obras de construcción de la central hidroeléctrica del Tranco del lobo en Casas de Ves – los padres de Diego, un bebé con meses de edad, decidieron trasladarse a estas tierras en busca de trabajo. Dado que las obras se desarrollaban en un paraje aislado, lejos del casco urbano de Casas de Ves, tuvieron que buscar un lugar donde cobijarse, y lo más cercano que encontraron fue una casa de campo habitada por una familia de agricultores, los cuales pudieron alquilarles una habitación. Esta casa está situada a dos kilómetros del Tranco del lobo, aproximadamente, y se ubicaba en una parcela a orilla del Barranco de Mingo Andrés, por lo que la casa siempre se ha conocido con el nombre de Casilla de Mingo Andrés.
En aquella época los dueños de la casa eran D. Cipriano Arocas y su mujer María. Este matrimonio, junto a sus hijos, labraban las tierras de alrededor, en la partida de las Herradas de arriba – terrenos de labranza que forman parte del paraje denominado por la gente de Villa de Ves como: “El otro lado” - . Uno de los hijos de esta familia, Rogelio,  será protagonista importante en esta historia, aunque lo volveré a  mencionar más adelante.
Las dos familias convivieron felizmente en aquella casa durante el siguiente año, se compenetraban bien, aunque con cierta intimidad, respetando sus espacios pero como si formasen una sola familia. María Josefa, madre de Diego, era una mujer guapa y lozana, con la gracia que suelen mostrar las andaluzas, con ciertas dotes para el canto, y también era una mujer muy trabajadora; como dirían por estos pueblos: “era una mujer como la copa de un pino”.
Estos encantos no pasaban desapercibidos para Rogelio Arocas, hijo de Cipriano, sintiendo una gran simpatía por ella. Sin embargo, al cabo de un año, se avecinaban cambios para esta comunidad. Con la esperanza de mejorar la situación económica y laboral de la familia, José Plazas, padre de Diego, planeaba emigrar a Argentina. Esto no gustó a María Josefa por el cambio tan brusco que suponía viajar en barco a otro continente con un bebé de apenas un año, adaptarse a un lugar extraño y cualquier motivo más que sentiríamos todos al abandonar lo que consideramos nuestro hogar. Esta situación generó desavenencias en el matrimonio pero al final se impuso la decisión del marido. Así, como paso previo al viaje, tenían que ir a Barcelona, de modo que los tres partieron sin perder más tiempo.
Es en este punto donde Rogelio Arocas cobra protagonismo, pues, consciente de que María Josefa no quería ir a Argentina y que prefería quedarse en Villa de Ves, no dudó en ir a Barcelona a por ella y el pequeño Diego. Como sabía la dirección de los familiares catalanes de José Plazas, fue allí y ofreció a María Josefa la posibilidad de quedarse con él y su familia.
El resultado fue que José Plazas se marchó solo a Argentina y dejó a su mujer e hijo pequeño en España, y Rogelio asumió el papel de padre adoptivo de Diego. En adelante, Rogelio y María Josefa vivieron en pareja como si se tratase de un matrimonio. A estas alturas, ambos eran conscientes del amor que sentía Rogelio por ella.
Diego tuvo todo el cariño que tendría un hijo biológico, no le faltaban atenciones por parte de su nueva familia, todos querían a Diego por ser el “pequeñín” de la casa, sus abuelos, tíos y padres.  Por supuesto, cuando tuvo edad para entender la situación, sus padres se lo explicaron todo.
Pasados unos años, gracias a que en esa época un hermano de Rogelio trabajaba en el ayuntamiento de Villa de Ves, pudieron hacer los trámites legales de separación del anterior matrimonio y casarse formalmente en segundas nupcias.

Este matrimonio ya no tuvo más hijos porque María Josefa tuvo alguna complicación en el parto de Diego, que le impidió ampliar la familia, pero eso no supuso un obstáculo para ser felices los tres juntos. Cuando hubo oportunidad, se trasladaron a un domicilio nuevo en Villa de Ves (aldea conocida actualmente como Barrio del Santuario). Este primer domicilio era una casa pequeña junto a la casa de María de Leonor, y Natividad y Eduardo. Aunque posteriormente se trasladaron de nuevo a otro domicilio en la calle Canaleja, en la casa que todos los vecinos conocen como Casa de Rogelio.

 Fulgencia y su hijo Fulgencio. Estado actual de la casa de Rogelio. Se puede apreciar parte de la cueva.


La mitad de esta casa estaba dentro de una cueva, cosa habitual en este pueblo y en aquellos tiempos. En la actualidad solo han sobrevivido unos restos de las paredes enlucidas de algunas de las habitaciones.

Restos de las paredes con enlucido en el interior de la cueva.

Entre el material que conforma la cueva se pueden observar restos fósiles de moluscos prehistóricos, otra característica habitual en el terreno de Villa de Ves.
Finalmente hubo otro traslado de domicilio a la actual localidad de Villa de Ves, a la casa que todos conocemos como la Mansión de los Plazas. 

Rogelio y Mª Josefa en la actual Villa de Ves mostrando con orgullo una paella que hizo su nuera Fulgencia durante una de sus visitas desde Valencia.

Retomando la historia de Diego, podemos afirmar que fue un niño especial, alegre, despierto, noble y con un amor desbordante hacia sus padres y familiares. Desde que comenzó a asistir al colegio se mostró aplicado y obediente, muy laborioso, y con ganas de aprender. Por desgracia, no todos los días podía ir a clase, pues como tantos otros niños de su época, debía ir al campo a trabajar junto a sus padres, donde era más útil para la economía familiar. También le gustaba ir a misa, y se ofreció como monaguillo de la Iglesia del pueblo, cuyo párroco era D. Alfredo Carrión. Este cura, aparte de administrar la parroquia, también hacia de profesor en el Molinar, donde enseñaba a los hijos de los empleados de Hidroeléctrica. Advirtiendo el interés que mostraba Diego, D. Alfredo le mandaba deberes y se los corregía. Esta especie de educación particular permitió que Diego tuviese un nivel intelectual por encima de la media entre los niños del pueblo.
La vida seguía, y Diego crecía disfrutando de su pueblo con sus amigos de infancia. Uno de los entretenimientos que tenían los chicos de su edad era reunirse  al atardecer cerca de la” fuente del chorro”, fuente pública a la entrada de la aldea sobre la que actualmente descansa una placa en honor de D. Benito García Fernández, quien en 1878 la mandó construir.
Como decía, era un punto de reunión y donde relacionarse, y era aquí donde  los chicos esperaban para ver a las chicas cuando iban a llenar de agua los cántaros para sus casas. Según palabras de Diego,[ “… a ellas les sucedía lo mismo, aprovechaban la excusa de esta labor para charlar con los chicos”],[ “Los chicos decían: Mira, ahora llega la de aquel, o la del otro; pues mira por dónde viene la tuya”, mientras que yo, para mí decía: “… y la mía no llega, y los minutos se me hacían horas, pero cuando la veía venir con la cara alegre y sonriente, todo el remordimiento que en mi reinaba, en un instante desaparecía.”]
De esta forma, a los dieciséis  años  Diego se hizo novio de Fulgencia, que tenía catorce años, y era guapa, simpática y lozana.

Diego y Fulgencia frente a la fuente del chorro, cerca del lavadero, recordando tiempos pasados.

Poco duró la alegría de la pareja de novios recién declarada, pues, a los pocos meses, a consecuencia de la evolución de la Guerra Civil Española, Diego fue llamado a filas para combatir en lo que se llamó Quinta del chupete en alusión a la juventud de sus reclutas. En el caso de Diego, contaba 16 años de edad y fue destinado a Madrid, en el Jarama. Estaba enamoradísimo de su novia, le escribía todos los días que podía, y en la mayoría de estas cartas había una poesía para su amada, compuesta por el mismo. Algunas de estas poesías todavía son recordadas por su mujer como el primer día que las recibió. Así, por ejemplo, decía:
 “Eres linda, muy  linda
y al mismo tiempo graciosa,
mi corazón en ti se brinda
por si quieres ser mi esposa”

Y también en esta, escribía:
“Estoy entre montañas,
escondido entre peñones.
Pero ya llegará el día
de juntar los corazones”.

Cuando terminó la guerra civil, Diego volvió al pueblo y siguió enamoradísimo de Fulgencia. Continuó en su casa, ayudando en las labores del campo a su padre, Rogelio, hasta que se casó con Fulgencia. A pesar de la alegría que suponía esta ansiada unión, en las familias de ambos existía cierto recelo. Los padres de ella pensaban que era todavía muy joven para casarse, y los padres de él no veían en ella una esposa ideal para su hijo, pues, tratándose de una hija de un empleado de hidroeléctrica española, consideraban que no sabría dedicarse a la agricultura.
Finalmente, hubo boda, y los dos enamorados formalizaron su unión.

Diego y Fulgencia durante la celebración de sus bodas de oro

Matrimonio de Diego y Fulgencia:

El 5 de mayo de 1942, en la iglesia del Santuario del Cristo de la Vida, Diego y Fulgencia contrajeron matrimonio, la ceremonia fue oficiada por D. Alfredo Carrión. Al terminar la ceremonia, se fueron a casa de los padres de Fulgencia y ese día la madre, Avelina, cocinó algo especial, y se reunieron las dos familias y pocos invitados más. Su luna de miel consistió simplemente en poder salir solos a pasear esa misma tarde, sin la supervisión de los padres; pasearon hacia la Huerta somera.

Para vivir su vida independiente, el matrimonio se instaló en una casa de alquiler que era muy pequeña, junto a la casa de María de Leonor, y de Natividad y Eduardo. Diego siguió trabajando un tiempo con su padre pero sin un sueldo estable, por lo que si quería mejorar y ofrecer un porvenir a Fulgencia y los futuros hijos, tenía que buscar un trabajo distinto.
Tuvieron cuatro hijos: Rogelio, que nació en el pueblo; Avelino, que falleció; Fulgencio, nacido en Benajeber, y Aurora, que también nació en el pueblo.

Hijos de Diego y Fulgencia: Rogelio, Fulgencio y Aurora.

Encontró un trabajo como mozo de mulas en una casa de campo situada en el campo de Requena, junto a las casas de Eufemia, llamada el Cabildo. Allí se instalaron Diego y Fulgencia, con pocas comodidades, pues entre otras cosas, no había agua y Fulgencia debía acarrear agua todos los días desde la aldea de Casas de Cuadra. Diego también dedicó parte de su tiempo a dar clases a los agricultores de los alrededores por la noche.
Más adelante se marchó en busca de trabajo a Benajeber, donde la construcción del nuevo embalse requería mano de obra. Aquí se dedicó a manejar grúas, y fue capataz de la brigada de trabajadores. Con esta experiencia volvió al pueblo para trabajar en el embalse de El Molinar, y más tarde se marchó a Valencia para trabajar en Cobra, una empresa dedicada a instalar tendidos eléctricos, uno de cuyos fundadores, el señor Macister, también era oriundo de Villa de Ves y amigo de Diego.

Diego junto a sus compañeros en el embalse de El Molinar.


Diego junto a sus compañeros de Cobra.


En su paso por Valencia, vivieron en Algemesí. Un día, la brigada donde trabajaba Diego recibió un aviso para reparar una avería en Xátiva, se trasladó allí y, como hacía habitualmente, se colocó los aparejos de trabajo: cinturón y trepadores, se encaramó al poste de madera y trepó. Cuando alcanzó la parte más alta, el poste se quebró y Diego cayó al suelo recibiendo un fuerte golpe y el impacto del trozo roto del poste. Por lo visto, el poste estaba podrido por dentro.  Fue trasladado al hospital de la cruz roja en Valencia donde le diagnosticaron varias fracturas en clavícula, fémur, rodilla y costillas; estuvo ingresado con pronóstico grave seis meses. Cuando recibió el alta médica, le quedó como secuela una parálisis de la parte derecha de su cuerpo y una gran limitación para el trabajo.

Diego en el Hospital de la Cruz roja de Valencia.
Diego salió con muletas del hospital y tenía que rehacer su vida para sobrevivir. Durante su hospitalización tuvo siempre la compañía de su esposa. Fulgencia me contaba que durante esos meses de ingreso, ella también tuvo un gran apoyo por parte de su hijo Rogelio, el mayor de ellos, que con solo once años era todo un hombrecito, muy responsable. Todos los vecinos de Algemesí le prestaron ayuda.
Para intentar reincorporarse al trabajo, la empresa Cobra le ofreció un puesto de almacén pero al poco tiempo tuvieron que darle la baja absoluta porque no podía trabajar. Con una pensión muy discreta y siendo padre de tres hijos, tenía que luchar para alimentar a su familia. Frente a esta adversidad aún se unieron más. Decidieron complementar la pensión trabajando en un  quiosco que estaba en venta en Valencia, en el número 5 de la calle Miguelete.

Diego y Fulgencia en el quiosco de Valencia.

Con la indemnización que recibió de la empresa Cobra y pagando a plazos, pudieron comprar el quiosco y, con esfuerzo y sacrificio, trabajaron para vivir dignamente hasta que Diego se pudo jubilar.
Además, el trabajo en el quiosco le brindó la oportunidad a Diego de seguir culturizándose, rodeado de tantos periódicos, revistas y libros. También le permitió relacionarse con personas importantes de Valencia, por la situación de la calle Miguelete, en el centro de Valencia. Por ello conoció gente del arzobispado y de la Catedral.
También en el mismo patio donde tenían el quiosco, había una academia de canto, regentada por el profesor D. Fracisco Andrés Romero, donde acudían a perfeccionar la voz, para ópera o zarzuela, gente de la talla de Alfredo Krauss y otras celebridades del mundo de la música.

En 1985, Diego, escribió y editó un libro dedicado a su pueblo. Llevaba por título: Historia y memorias de un pueblo.

Libro escrito por Diego Plazas Llamas en 1985

En los años 1970 Diego fundó la asociación de pensionistas y jubilados “San Miguel” de Villa de Ves, con la colaboración de Pepe, el alcalde en aquel momento, y Rafael García Tomás. Siendo él presidente y con el apoyo del resto de vecinos, se sacrificó por la asociación y consiguieron algunas mejoras.
Con todo este curriculum, se demuestra que Diego fue una persona sacrificada por los demás, honrado, dialogante e intelectual. Por ello le considero una persona de mérito para el pueblo de Villa de Ves.

Tristemente, Diego Plazas falleció el 6 de marzo del año 2001, tras una vida plena y llena de amor de sus familiares y amigos.

Acerca del libro de Diego:

Este libro supone un legado de gran valor cultural, que aporta información imprescindible para la historia de nuestro pueblo, que de otra forma, se habría perdido en el olvido, y no se habrían podido recuperar en generaciones futuras.  Datos relativos a la geografía, agricultura, tradiciones, fiestas populares, nombres de familias, casas, calles, datos geopolíticos, económicos, religiosos, etc.
En la época de su edición, el libro no tuvo la aceptación que merecía. Muchos en el pueblo no lo valoraron, sin embargo, debemos tener en cuenta que el nivel de lectura y cultura de los habitantes del pueblo, en aquella época, no era muy elevado, como en la mayoría de esa España tan carente de formación académica.
Espero recuperar, a través de este artículo, el mérito y el valor de este libro. Me gustaría animar a las nuevas generaciones a su lectura. Sería deseable que tuviese tanto éxito que la familia de Diego tuviese que hacer una segunda edición del libro.

Amigo Diego, desde estas humildes líneas, mi familia y yo, pretendemos reconocer el mérito que merecéis tú y tu libro. Por tu esfuerzo en mantener viva la memoria de Villa de Ves. Te mando, allá donde estés, un sentido abrazo. Hasta siempre.

La historia de Fulgencia:


D. Inocencio García Cuevas y Dª. Avelina Molina González, padres de Fulgencia.

Dª Fulgencia García Molina nació en Villa de Ves el 14 de febrero de 1922, sus padres fueron: D. Inocencio García Cuevas y Dª Avelina Molina González. Sus abuelos paternos fueron: Alejo y Fulgencia. Y por parte materna, sus abuelos fueron: Santos y Vicenta.
Tuvo cinco hermanos: Alejo, Vicenta, José, Venerada e Inocencio.
Fue bautizada y casada en el Santurario del Cristo de la Vida.
D. Inocencio, padre de Fulgencia, quedó huérfano a los 14 años, cuando murió su padre. En un hogar con pocos haberes, este niño se vio obligado a buscar trabajo. Pidió trabajo en la antigua central hidroeléctrica del Molinar pero por su corta edad no podían admitirlo. Sin embargo, llegó a oídos de un cargo de Hidroeléctrica (H.E.) – que también era huérfano  y entendía su situación – y medió para que colocasen al muchacho en un puesto de operario de máquinas. Vemos aquí un nuevo ejemplo de la parte humana de esta empresa tan relacionada con nuestro pueblo.

Inocencio se casó con Avelina y formaron una familia de cinco hijos, que se permitió vivir con cierta comodidad,  pues, al ser un trabajador de la plantilla de H.E., todos los meses cobraba su salario. 


Padres de Fulgencia
D.Inocencio y Dª Avelina con parte de sus hijos, Fulgencia, Vicenta, Inocencio, su yerno Diego y una nieta: Chelo.
En su tiempo libre, Inocencio cultivaba unas huertas que tenía en la zona del molino, bajo el “Chotil”. También cultivaba en otra parcela en la Huerta Somera. Y aún tenía una tercera parcela en las pozas, entre el antiguo puente y la noguera de Emiliaco. En estas huertas había hortalizas, higueras, albaricoqueros, ciruelos, manzanos, etc. y todo se regaba mediante una acequia que venía, ganando altura, desde la antigua Presa Somera, también tenía un caballo marrón que era utilizado para trabajar la tierra, acarrear frutos en los serones y agua en las aguaderas, y como medio de transporte para ir a la central.
Fulgencia pasó su infancia en Villa de Ves (actual barrio del Santuario), recuerda muchas cosas de esa época pero una de las que más le impactó fue la muerte de un padre y un hijo - ambos se llamaban Vicente - quienes murieron ahogados cerca de las huertas de su padre.
Recuerda los juegos de las niñas, saltar la cuerda, colgarse de los árboles; esto último le costó una caída y un buen susto, pues tuvo que atenderla el afamado Doctor Luis Antonio Garrido Redondo, que atendía en esa época en Villa de Ves.

También le viene a la memoria la celebración de las fiestas en Covalta, la cueva alta del otro lado, a las que le gustaba mucho ir. Otras fiestas que recuerda son las que se celebraban en Villa de Ves, pues el baile se organizaba en un local propiedad de su abuela Fulgencia. Este baile pasó a celebrarse más adelante en la plaza donde se jugaba a la pelota.

Fulgencia con sus hermanas Venerada y Vicenta.

La casa de Inocencio y Avelina:

Situada en la antigua Villa de Ves, en la calle Fuente Requena número 6, o “Rambla de la Sara” junto a la casa de Silverio. En esta casa se crió Fulgencia con sus hermanos felizmente hasta que se independizó al casarse con Diego.
Según cuenta Fulgencia, esta casa no siempre fue así; antiguamente había un pequeño patio por el que se accedía y comunicaba las dos casas, la de Inocencio y la de Silverio.

Frente izquierda casa de Inocencio y Avelina. A la derecha al casa de Silverio.

Como el vecino, Silverio, tenía una burra y siempre le estaba riñendo a gritos y dándole palos, y también trataba del mismo modo a un perro que tenía; Inocencio no quería ese ejemplo para sus hijos, por lo que, tras hablarlo con Silverio, dividieron el patio con una medianera y se construyeron sendas puertas para tener entradas diferentes, quedando la división que se observa actualmente.
Recuerda Fulgencia que su padre era habilidoso y aseado, gustaba de hacer bricolaje en casa. Al parecer, tenía un buen sentido de la estética y se aplicaba en decorar la casa, cosa poco frecuente en esa época. Hizo varias reformas en el domicilio para mejorarlo. Quitó un horno de obra para ganar espacio, aunque la familia aún conserva la pala que se utilizaba para la cocción del pan. Este hecho revela que la familia no tenía dificultades económicas, por su buen empleo en H.E. y por ello se permitían comprar el pan en horno del pueblo, en vez de hacerlo en casa.
A la entrada de la casa, a la derecha, había un aljibe cuya puerta se encargó personalmente de fabricar Inocencio, con detalles estéticos y, sobre todo, seguridad para los hijos pequeños.

Aljibe de Inocencio con la puerta que hizo él mismo.


También mandó hacer una chimenea nueva muy decorativa a un albañil de la Balsa de Ves, con la campana y los laterales chapados con cerámica de diseños muy bonitos. Esta chimenea, probablemente la más bonita del pueblo en los años 30 del s.XX, estaba flanqueada por dos alacenas, que complementaban perfectamente el ambiente del hogar. 

Frontal de la chimenea y dos alacenas.

Detalle de la cerámica de la chimenea

Al conjunto añadieron unos platos de cerámica que Fulgencia cree que fueron comprados en Valencia.
Actualmente, aunque conserva una atmósfera de haber sido una gran casa, está deshabitada y cerca del estado de ruina. La techumbre amenaza con derrumbarse, como muchas casas del pueblo. Fulgencia explica que debido a que los herederos son varios hermanos y el reparto no se ha hecho, es difícil tomar la decisión de repararla.

Una visita a la casa de los cinco herederos:

En agosto del año 2013, Fulgencia, junto con su hijo Fulgencio, mi esposa Manoli, y yo mismo, bajamos al Barrio del Santuario, para visitar esta casa. También visitamos los restos de otra casa, la de Rogelio, padre de Diego en la calle Canaleja. Fue una mañana maravillosa, en la que me dediqué a observar a Fulgencia, quien, a pesar de tener en ese momento noventa y un años, andaba y se movía por las calles como si hubiese rejuvenecido de golpe. Supongo que este ímpetu era fruto de las vibraciones sentidas por tantos recuerdos aflorando de pronto en su tierra natal.
Entramos en su casa, para lo cual tuvimos que hacer una senda entre la maleza del patio.

Patio lleno de maleza
 Fulgencia entrando en la casa donde nació
Su hijo Fulgencio pasó primero y encendió la luz, nos enseñó la casa al detalle y mientras, Fulgencia, estaba parada en el centro de la casa, mirando todo a su alrededor con semblante serio, inmersa en sus recuerdos. 

Fulgencia observando su casa.

Yo vigilaba el comportamiento de Fulgencia y, sin que ella se diese cuenta, pude ver que por sus mejillas resbalaban unas lágrimas.

Fulgencia sentada en la banca antigua, pensativa y dejando escapar algunas lágrimas.

Todo era fruto de la emoción, cada detalle, cada color, cada habitación un recuerdo, cada recuerdo una voz, la cocina evoca olores de infancia, el calor del hogar. Yo mismo tuve que imponerme a ese momento porque corría el riesgo de dejarme llevar por la emoción y mis ojos también empezaban a humedecerse con algunas lágrimas.

Fulgencia y su hijo Fulgencio sentados en la banca de época, percibiendo las vibraciones del pasado.
Detalle de la alacena, cantarera y cántaros.

Transistor y enchufes en la pared.
Cámara de la casa, con el techo apuntalado con viguetas de hormigón para evitar su derrumbe.
Restos de un animal que quedó momificado en un cubo de plástico, arriba en la cámara. Se trata, probablemente, de una gineta que merodeaba en busca de comida, como también ocurría en casa de Remedios.


Ecos del pasado:

Pienso que a Fulgencia le embriagaba la nostalgia. Invadida por imágenes, palabras, recuerdos, resonancias del pasado que reclamaban de nuevo su presencia.
Fulgencia me contaba que, en otra ocasión también se sintió muy emocionada. Fue durante la celebración de su cumpleaños, cuando contaba ochenta y tres años. Su familia organizó por sorpresa una comida a la que asistieron todos sus nietos y biznietos, y después de comer le regalaron un ramo de flores y una fotografía de todos ellos juntos. A ella le agradó mucho esta sorpresa, y no pudo evitar llorar de emoción y alegría por sentirse tan querida, mientras su familia le arropaba con un aplauso.

Todos los nietos de Fulgencia y Diego


La Mansión de los Plazas:

Mansión de los Plazas, la casa del matrimonio Plazas García en Villa de Ves.
Es el domicilio donde el matrimonio vivió largas temporadas, en Villa de Ves, desde que se jubilaron y con sus hijos, ya mayores.

Fulgencia con sus tres hijos: Rogelio, Fulgencio y Aurora.

Fulgencia afirma que solo tiene recuerdos buenos de esta casa, excepto dos sustos que ha tenido recientemente, cuando ella vivía sola. Resulta que dos veces han entrado en el corral de la casa unas culebras, a las que se enfrentó, “con mucho miedo y sudores por todo el cuerpo”, matándolas para que no entrasen dentro de la casa.
Fulgencia en el patio interior reposando en la misma escalera donde vio a las culebras 
enroscadas al sol.

A continuación transcribiré las preguntas que realicé a Fulgencia, a modo de entrevista:

¿Se acuerda mucho de su marido Diego?
“Me acuerdo de él todos los días, y es como si lo tuviese a mi lado”

¿Cómo han sido sus hijos?
“Rogelio, desde pequeño, ha sido muy serio y responsable. Fulgencio destacó por ser un deportista nato, siempre con el deporte. Aurora, como mujer que es, ha sido más revoltosa y exigente, pero los quiero a los tres por igual”.

¿Cómo son sus nueras y yernos?
Son buenísimos todos. Me cuidan mucho.

Fulgencia en tertulia, una tarde de agosto de 2014, a la fresca.
De izquierda a derecha:
Fulgencia, María Flores Amorós, Pepita Fons Martínez, Emilia, nuera de Fulgencia.


Amparo Pardo, nuera de Fulgencia.


Jose Gracia Ramírez, yerno de Fulgencia.

Opinando sobre Fulgencia nos dicen:
María Flores: “Es maravillosa, cariñosa, un cielo de mujer, la quiero mucho.
Pepita Fons: “Para mí y mi familia es una persona excelente, buenísima, con buen humor; la queremos mucho.
Emilia, su nuera: “Estoy contenta con ella y la cuidamos con mucho gusto. No tengo quejas, nunca he tenido problemas con mi suegra”.
José Gracia Ramírez, su yerno: " Yo quiero mucho a mi suegra y siempre la he cuidado con mucho gusto".
Amparo, su nuera: “Es una suegra muy buena, se ha prestado para los buenos y malos momentos”

Dedicatoria y agradecimientos:

Este artículo se lo dedico a D. Fulgencia García Molina, que con sus noventa y dos años tiene la admiración de todo el pueblo de Villa de Ves.
Para concluir, me gustaría transmitir al lector que el mejor y más emotivo recuerdo es volver a la casa de los padres, donde uno nació, donde se percibe la paz interior que uno solo encuentra en el paraíso de su hogar.

También quiero expresar mi gratitud a los hijos de Diego y Fulgencia: Rogelio, Fulgencio y Aurora, por todos los datos y material fotográfico aportado. Sin su colaboración no sería posible este artículo.

Fulgencia con Aurora.
Como siempre, Fulgencia, muy activa, visitando la exposición de fotos de la gente del pueblo en la casa de la cultura de Villa de Ves.

Desde este blog seguimos haciendo historia y recuperando parte de nuestro pasado.
Gracias a los lectores, tanto los habituales como los que casualmente nos han conocido navegando por Internet. Gracias a los que nos felicitáis con vuestros comentarios porque vuestras opiniones refuerzan nuestras ganas de investigar más sobre el pueblo.
Hasta el próximo artículo, espero que hayáis disfrutado.

Vicente Jiménez García .
Vicente Jiménez Cruz.